Que después de ” Cien Años ” de nada de soledad
no haya ahorrado liquido.
Toda una proeza.
Que me ha costado gastarlo.
Viajando constantemente via bucal.
Acariciando los interminables labios y curvas de la botella.
Viajando mil veces por todo el sistema linfático.
El neurológico, digestivo y urológico.
He acariciado millones de neuronas.
Visitado montañas de colores y visto rios de palabras.
He escuchado sinfonías indescriptibles de grillos, lobos, lechuzas y cenzontles.
Y el canto de las sirenas sin despadazarme contra las rocas.
He estado en una Venecia de globulos rojos.
Un París azul bebiendo coñac con la Mona Lisa.
Un Mazatlán cálido con mis hermanos en la playa.
Y unas nenas acariciando mi espalda.
Todo me lo he gastado yendo a dar al oceano.
No he querido dejar dineros.
No quiero dejar una Manzana de la Discordia.
Con un centavo en pie.
Y he viajado por todo lo largo y ancho de arriba
sin levantarme del pie de mi árbolito.
Ernesto Onofre