Me encanta velar tu sueño esperando a la luna acariciar tus mejillas.

Los dos estamos enamorados de ti. No, no soy Othelo cuando te besa.

Sus rayos argentinos son brazos mágicos junto con los míos cuando

suavemente mis labios tocan tus mejillas. Y la luna se pasa de un lado

al otro del cuarto. Y todo es aún más lindo cuando el grillo y la lechuza

me adivinan el pensamiento y acuden a mi llamado.

Y es todo entonces una fiesta de colores y sonidos con un eco sin final.

Las paredes retumbando con nuestros ayes y gemidos de placer .

Mientras la luna acaricia tus mejillas y tu ondulante cuerpo.

Cual serpiente del Paraíso seduciéndome. Tibia como un ocote

encendido derritiendo mi pecho y brazos. Mientras mis sentidos se

pierden y naufragan en un mar de deseo. Y sucumbo. Sucumbo.

En las rocas de las orillas de tu playa. Y termino en mil fragmentos en

la arena bañada por el sol que se dispone ir a casa.

EO

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