Gracias Dios por este lugarcito. Mira, tengo todo.
Paredes desnudas. Ventanas permitiendo al siempre
pertinente viento pasar a mi aposento. Pisos desnudos como
los pies que cargan mi peso. Un cómodo colchón en el cuarto.
Al lado de la ventana al patio. Por donde se vienen a esconder
las estrellas. Cansadas del escrutinio nocturno de infinitos
enamorados. Gozo de la comodidad de un pequeño refrigerador.
Donde tengo la comida de mi perro y mi gato. Y mis lentejas con
cebolla y ajo. Y que te puedo decir lector mío de la compañía de
la que soy agradecido, las noches que me acompaña Maria ó…
Rosa…ó…Susana. Dos veces por semana. Esta noche me acompaña
mi hermano el silencio. Aquí estamos los dos plática y plática.
Ya me gustaría que se fuera a su casa…pero, ya no sé qué tanto
me plática que siento que me estoy quedando dormido.
Por lo regular así es como es él. Oh, lo adoro. Claro que si.
Poco a poco se me cierran los ojos al mismo tiempo que
mis músculos se relajan…se siente como ir cayendo en
un colchón aún más suave que el mío en el piso.
Se siente como ir cayendo en el vacío…
EO