Y resulta que un día se le ocurrió a María dar a luz

a Jesús, no un 24 de diciembre, no. Sino un cinco de

mayo! En el mero inicio de las fiestas patrias Mexicanas.

Pues que mejor día! Cuando todo México celebra las palizas

dadas a boxeadores fantoches de otros países. Pobrecitos.

Ellos mismos lo piden. Luego de una buena bolsa por su

trabajo y…esperando volver a repetir tal hazaña.

Esa es la fecha en que nació nuestro querido nunca y bien

ponderado Jesús. El hombre que aún a pesar de la paliza que

tenía en puerta, no se amilanó. Y dijo: va.

Entonces….Maria…José…y diez familias más se dijeron:

ha de ser lo que ha de ser.

Sabias palabras. Y fue lo que fue.

A aquel infante lindo y hermoso…le creció la barba y el cuerpo

luego de treinta largos años…ya ninguno se acordaba de él…

Y mira nada más todo lo que le fue a pasar….

le hicieron cargar una cruz del tamaño del mundo en sus hombros…

escupieron su espalda, azotaron, pusieron una corona de espinas

en su delicada frente…luego de cuarenta caídas…crucificaron en

el pizarrón de corcho del salón de clase….y exhibieron ante el ojo

eterno del cielo la ignominia perpetrada…que el mismo cielo

enfurecido protestó de la forma más espantosa…más el hombre no

es capaz de aprender las más de las veces. Y hasta la fecha, no ha

aprendido. Pobre Jesús, pobre hombre.

EO

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