Pasa que llevo más de 70 años tratándome de leer
Don Quijote, esa linda novela de aventuras del hombre
ideal, con su famélico caballo, la adarga y lanza oxidadas…
acompañado de su fiel y agudo escudero, Sancho y su rucio.
En busca de entuertos que enderezar y damas a quien rescatar.
Aún no salgo de la venta donde pasaron la noche y al darse cuenta el
ventero, que no tenían dinero, optó por cobrarse manteándole las
espaldas a Sancho. Y ya ustedes que habrán terminado ese libro
de interminables aventuras de nuestro caballero, allá por los
campos de Montiel, España, saben de que estoy hablando. Pues bueno,
es donde voy apenas. Bueno, me leí ese “ Poema “, le dicen los que leen
todo el santo día, La Iliana y La Odisea. Y leí, que es considerado tal
poema, cual el mejor de todos los tiempos habidos y por haber, tú.
Difiero. Se me hicieron aburridos. Pero, yo no sé nada, estamos?
Oye, una de muertos sin parar en cada una de sus páginas. Día y noche.
Todo a raíz del rapto de una mujer de un rancho en la vieja Grecia.
De parte de un invitado a una fiesta, donde no satisfecho con la rica
comida y bebida, se le ocurrió echarse al hombro a esa mujer y salir
corriendo sin haber sido detenido por ninguno en esa mentada fiesta!
Ni por el mismo marido! Hazme el favor. Así. Y dice el cuento, que se
llegó hasta donde estaba su barco…dió un brinco del muelle a la proa…
desataron las correas del barquito y se fueron hasta llegar al otro
lado de una gran extensión de mar. Como la ves? Y que el marido hizo
el berrinche de su vida. Y que se organizó, tú. Construyendo disque
mil barquitos ( imagina el tiempo para eso…y los recursos para poder
hacerlo…). Y que una vez todo listo, un hermano del cornudo marido,
fíjate; cometió filicidio con su propia hija, para que los dioses fueran
buenos con él y toda la tripulación de tanto maldito barco. Hazme el
favor. Saca cuentas…mil embarcaciones, cien hombres por lancha…
doscientos…etc., los que tu gustes. Y que se llegaron hasta estaba la
mentada mujer raptada, que ya había sido mil veces gozada.
Y que el marido cornudo se acomodó a orillas de una ciudadela donde
la mujer cada noche en sabanas de seda yacía, hiriendo los
cielos con sus ayes de alegría en brazos del suertudo secuestrador.
Y estoy hablando a largos rasgos del “ mejor poema “ de la Historia.
Porque si me alargo, no termino sino hasta el Segundo Advenimiento
del buen joven Jesucristo.
Oye, creerás que ese intento de rescatar a la mujer y darle un castigo
ejemplar por infiel, duró diez años? Así dice el mentado poema.
Y en ese lapso de tiempo, hay una de celos, envidias, mentiras,
traiciones, calumnias entre los mismos hombres, quienes de paso,
fueron sin sus esposas…hazme el favor. Ir a matar y pasar trabajos
en tierras extrañas, sin mujer, por diez eternos años. Y el mentado
poema, no te dice donde, como y cuando conseguían provisiones.
Agua fresca. Vino, queso, dátiles…si ya no estaban en el rancho.
Hay disque unos personajes centrales en el librito ese.
Si, el marido, quien no se quitaba los cuernos ni para comer…
sus camarada más allegados…había uno entre todos que disque muy
bueno para la patada y el puño que corría como los venados de los
cerros del rancho. Otro, muy muy hablantín que sabía más que el
Diablo y que tenía la capacidad de persuadir hasta a la sabia serpiente
del mismísimo Paraíso, que aún no existía. Bueno, una de personajes
muy muy argüenderos. Y total, que finalmente lograron penetrar la
dichosa ciudadela, escondidos en un caballo de madera, así como lo
estas leyendo, querido amigo. Al haber engañado a la población de
la ciudadela al haber dejado el caballo mentado a las gigantescas
puertas de la misma. Si, adivinaste, antes de que oscureciera, lo
pasaron a la ciudadela y a eso como…creo..dos de la mañana..
descendieron del gigantesco caballo y a todos se despacharon. Así.
No, pues si. El marido cornudo llega y encuentra a la mujer haciendo
el acto, y hete que ve al hombre que estaba meciendo la
cama de arriba a abajo y de lado a lado. Y que el cornudo marido
se lo despacha. Y…es todo. Es todo, del mentado “ poema inmortal “.
Ah, y aparte, dictado por un hombre que era ciego. Así. En unos
años en que ser iletrado era casi la norma. Pues ese es el libro que
si ya me leí. A ver si uno de ustedes ya lo hubiera leído y me dijera
que piensan acerca de lo de arriba.
EO